RADIO SALMON

lunes, diciembre 04, 2006

CRÍTICA AL PALACIO

A pesar de la decisiva participación de Nebbia y la Luz (Colombres en batería, Minimal en guitarra y Boaglio en bajo) es el regreso más sincero y puro de Calamaro. Desde la salida de "El Salmón" (00) que se aguardaba un disco de canciones frescas compuestas por Andrés, y hubo que esperar seis años en los que el artista calmó los ánimos con tres discos interesantes ("El Cantante", "El regreso" y "Tinta roja") pero de algún modo ajenos o añejos. Y "El Palacio de las Flores" tiene un ramillete de canciones que hablan sobre la tarea de escribir canciones y fueron arrancadas de un amor a punto de caramelo que dejó atrás al corazón desgarrado y la actitud agorafóbica que marcó la discografía del artista.

La placa abre con "Corazón en venta" que parece una canción de la época de "Pasemos a otro tema". Ahí se ve a un Calamaro que se tiende una "gran alfombra roja" y vuelve a la actividad musical de la mano de nuestro compositor más exuberante: Litto Nebbia. "Mi bandera" parecería estar escrita desde el exilio geográfico y compositivo, y deja muestras de una intención como de retomar un camino desde otra perspectiva. La canción que le da nombre a la placa tiene una melodía a medio camino entre la canción popular y la entonación tanguera, y una letra eterna llena de argentinidades a flor de piel; se mencionan recuerdos de cuando el compositor "era un pendejo que vivía con mis viejos" como un lugar donde se bailaba hasta reventar (el Palacio de Flores) y al padre de un compañero que los llevaba a ver a Independiente en la época de Pastoriza, Santoro y el Chivo Pavón que después fue desaparecido. "El tilín del corazón" fue colgada en Internet en 2001, aunque la versión actual tiene mucho más cuerpo que aquellos demos; la letra habla del vértigo de vivir escribiendo canciones con cierta urgencia surgida del corazón. Entonces llega la belleza pasional del bolero "Contigo aprendí" de Armando Manzanero donde se destacan los solos de saxos y teclados.

"El compositor no se detiene" es la primer canción cantada a dúo entre Nebbia y Andrés y es una especie de himno sobre la sensibilidad al dolor de los creadores y las consecuencias de vivir componiendo. La sección de cuerdas (Agri, Bosani y Gandarillas en violín, Mouriño y Villarejo en cello y Bru en viola) en "Tengo una orquídea" conforma uno de los picos musicales y sentimentales del álbum. "Patas de rana" es un pasaje oscuro y autodestructivo sobre la abstinencia y la ansiedad que habla de las "alitas de ángel caído" del pobre Andrés. "Punto argentino" es otra de esas canciones que fueron publicadas en Internet hace cinco años; en ella Calamaro se explaya sobre las delicias de ser argentino: gente del Interior que no está adentro, desaparecidos y soldaditos en Malvinas. También es "Corte de huracán" es de esa época tóxica y en ella se permiten jugar con el groove. "Cuando una voz sea de todos" es otro ejercicio sobre el arte de escribir estrofas para la gente en el que la voz de Vicentico aporta calidez latina. En "Miami" se materializa la etapa fructífera de amor que tanta alegría le ha dado al corazón siempre torturado de Andrés: "vivo el mejor tiempo de mi vida/ transformaste mi pena en poesía/ ahora puedo lo que no podía/ y quiero eso que no quería". ¿Será una alusión a su futura paternidad? Entonces llega una versión del clásico de Los Gatos "Rosemary" sumamente bello.
Las dos últimas canciones son compuestas entre Nebbia & Calamaro. "La apuesta" es un funky mixturado con algo de pop y jazz donde se declara la expulsión de la melancolía. Y el cierre es una cancioncita tocada a dúo entre los dos, que parece ser una especie de broche de oro para un álbum dorado.

El nuevo material se debate entre diásporas de "El Salmón" compuestas en la oscuridad y el aporte luminoso del grupo estable de Litto Nebbia. Todavía el Calamaro hitero no volvió, pero eso quedará seguramente para el próximo paso del Cantante: ya anunció un disco con material cien por cien a estrenar que será producido por su ex compañero en los Abuelos, Cachorro López (una sociedad que promete ser de las más vendedoras del 2007). Mientras tanto, "El Palacio de las Flores" es un disco amable, cálido y compañero. Y da la sensación de que Calamaro se alejó un poco de lo que se suponía que tenía que hacer. Un regreso como Dios manda hubiera sido volver al modelo de la canción calamariana hitera que tanto se le plagió en los últimos años. Pero si de algo no se lo puede acusar al Salmón es de ser un artista previsible: nuevamente fue contra la corriente y extirpó todos los estribillos del disco. Un esfuerzo en clave de homenaje a Nebbia en el que parecería que Calamaro vió La Luz.
Tomado de www.rock.com.ar

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